martes, 29 de noviembre de 2011

Napoleon Bonaparte

LOS COMIENZOS DEL MITO DE NAPOLEON

Napoleón nace el 15 de agosto de 1769 en el seno de una familia noble aunque de bajo abolengo. Hijo de Carlos Bonaparte y Leticia Ramolino. Era el segundo hijo de la pareja de un total de trece, de los cuales sobrevivieron ocho José, Napoleón, Luciano, Jerónimo, Luis, Carolina, Elisa y Paulina.

Carlos Bonaparte siempre había jugueteado con la política y había seguido al líder independentista corso Paoli, del cual el joven Napoleón sacaría su modelo a seguir, prueba de ello será su afición a Plutarco emulando al caudillo corso el cual lo citaba constantemente. Pero con el tiempo la necesidad de mantener a una familia tan numerosa hizo que el patriarca de los Bonaparte cediera a ideas más afrancesadas y así en 1779 pudo llegar a diputado por Córcega en París. Gracias a estos contactos Carlos Bonaparte pudo obtener tres becas reales; una para José en el seminario, otra para Napoleón en la escuela militar de Brienne y otra para una de las chicas en el internado de Saint-cir. Napoleón paso sin pena ni gloria por dicha academia y en 1785 consigue el ingreso en artillería y es destinado como alférez al regimiento de La Fere, ese mismo año murió su padre. Más tarde fue destinado a Velence; en este tiempo el joven ofical aprendió a tratar con la tropa, algo que le serviría toda su vida.

Allí se empieza a formar el carácter taciturno del futuro emperador, su escaso sueldo no le permite llevar la jocosa vida de sus compañeros oficiales, generalmente hijos de acaudalados nobles. Pasa muchas horas solo y se dedica a leer a Rousseau y los clásicos, parece más un hombre de letras que un militar. Durante este tiempo dos cosas ocupan su mente; la precaria situación económica en la que ha quedado su familia tras la muerte de su padre y su admiración por Paoli. Tras un periodo en Córcega es destinado a Auxonne en la Borgoña francesa y allí le pillará la Revolución en 1789. Napoleón se mantiene al margen de los acontecimientos y pasa largos periodos en Córcega y participando en la causa nacionalista. Durante este periodo es ascendido a capitán y posteriormente, en 1793 a teniente coronel en funciones. Durante este periodo tendrá su primera experiencia de combate, así como algún episodio un tanto oscuro. Por ese tiempo Napoleón se termina desencantando con la causa nacionalista y el enfrentamiento entre Paoli y los Bonaparte empieza a tomar forma; esta brecha se hará tan profunda que la familia de Napoleón se vera obligada a emigrar a Francia. Los Bonaparte después de un largo periplo terminan recalando en Marsella, allí su madre mantendrá relaciones con un rico comerciante, Clary, y fruto de esos escarceos José se casa con la hija de éste, Marie Julie, que será reina de España y Napoleón conoce a Desiree, probablemente su primer amor.

Tiempo después es enviado a Tolon como jefe de batallón, esta ciudad se había levantado en armas contra la Convención y había pedido ayuda a los ingleses cuya flota asediaba la ciudad. Aquí por primera vez da muestras de sus dotes estratégicas y gracias a su plan el general Dugomier consigue romper el sitio. Tolon marca un antes y un después en su vida; primero porque por fin Napoleón puede dar muestra de su indiscutible valía segundo porque allí conocerá a Junot, Muiron, Marmont, Durot, Victor, Suchet y Leclerc a los cuales llamará a su lado posteriormente
Napoleón en el Paso de San Bernardino



Gracias a su victoria en Tolon el 22 de diciembre de 1793 es ascendido a general de brigada, contaba con veinticuatro años. A partir de 1794 comienza una de sus etapas más felices, la vida por fin parece sonreír al joven corso pero esto no dura demasiado ya que su acercamiento a los postulados jacobinos le convierten en sospechoso después del golpe de estado del 23 de julio e incluso llega a ser encarcelado por un corto periodo. Después de esto le fue muy difícil encontrar un destino a su gusto, su falta de medios se hacia patente en su desaliño y su carcomido uniforme. Llegó aceptar un puesto de consejero militar en Turquía, más por necesidad que por placer, pero justo cuando se dispone a partir se produce un golpe realista en París.

La situación era desesperada para la República y Barras llama a su lado a aquel semidesconocido que consigue reprimir la revuelta en París. En recompensa es nombrado general de división y comandante en jefe de la guarnición de París. Su nombre empieza a sonar entre las altas esferas. En París conoce a Josefina una viuda de treinta y dos años y con dos hijos Hortensie y Eugene su marido, el general Beauharnais, había sido guillotinado un año antes. Napoleón, más joven que ella, se dejó sorprender por la elegancia, la sofisticación y su belleza; la atractiva criolla en cambio vio en el joven general la manera de salir de la difícil situación en la que le había dejado la muerte de su marido.

Casi al tiempo que la boda en marzo de 1796 llegó el puesto que tiempo atrás ansiaba, el mando del ejército de Italia. Cuando el 27 de marzo, Napoleón llega para hacerse cargo de su ejército su gozo se quiebra en el acto. El estado de aquellos hombres era lamentable, mal vestidos harapientos, con escaso armamento y muertos de hambre. Por si esto fuera poco el ejército austriaco en Italia era muy superior en número y mejor adiestrado y equipado. La misión de Napoleón era entretener a este ejército mientras Jourdan y Moreau dirigían el ataque principal en dirección a Viena. El joven Bonaparte decidió tomárselo con filosofía y lanzar su ataque contra la península Itálica por sorpresa. Allí cosechó victoria tras victoria ante el potente ejército austriaco, mientras el ataque principal dirigido por Jourdan y Moreau no terminaba de dar frutos. Europa empezaba a poner los ojos en aquel general de veintiséis años que al frente de aquel destartalado ejército estaba poniendo contra las cuerdas al mismísimo imperio austriaco. En vistas a los acontecimientos Napoleón ya no se conforma con ser el segundón y quiere marchar con su ejército en dirección a Viena a lo cual se opone el Directorio. Esta situación no durará demasiado ya que los mandatarios de Francia empiezan a vislumbrar las posibilidades propagandísticas de tal hazaña y terminan por concederle libertad de acción. Después de varios intentos por parte austriaca de detener aquella furia, tras las victorias sobre los mejores generales austriacos, incluido el archiduque Carlos, el camino hacia Viena está abierto y al Imperio Austriaco no le queda más remedio que negociar. Napoleón impone la Paz de Campoformio a su gusto, ya nadie le puede llevar la contraria.
Después de la campaña contra Austria Napoleón se ha convertido en un personaje de peso dentro de Francia. Al Directorio le empieza a resultar molesto un general tan inquieto y con tanta fama; así que deciden tenerle lo más ocupado posible. De este modo deciden encargarle la preparación de un plan para invadir las islas británicas. Después de un minucioso examen, termina por llegar a la conclusión de que la operación no ofrece ninguna garantía de éxito. Es en ese momento cuando Napoleón propone la invasión de Egipto y de ese modo llegar a la India atravesando Oriente Medio y atacar de este modo a los británicos en sus colonias. En el fondo más que una operación lógica, Napoleón comenzaba a dar rienda suelta a sus sueños de grandeza, queriendo emular al mismísimo Alejandro Magno.

El Directorio dio su visto bueno, era una buena manera de mantener al peligroso general lejos de París y esto era lo mismo que mantenerle lejos del poder. De este modo el 19 de mayo de 1798 Napoleón embarca rumbo a Egipto. En esta ocasión parte con tropas seleccionadas, buenas armas y gran cantidad de víveres y se lleva con él a la flor y nata de los generales franceses: Kleber, Berthier, Lannes, Bessieres y Murat. Junto a ellos los hombres que ya son desde hace algún tiempo de su confianza: Marmont, Duroc, Junot, Bourienne, Lavallette y Sulkowsky además de una serie de científicos de campos muy diferentes. Para trasladar tan formidable fuerza, unos 30.000 hombres con todo su equipo, caballos y víveres, se reunieron una gran cantidad de barcos y se puso al frente al almirante Breys.

Toda la operación era del más alto secreto, había que evitar un posible encuentro con Nelson que habría puesto en serio peligro la misión. Pero tras la toma de Malta por los franceses Nelson empezó a entrever lo que tramaban los franceses y se lanzo a su persecución. La flota británica llegó a cruzarse con la francesa sin apercibirse de ello por producirse dicho encuentro durante la noche. El desembarco se produjo sin ningún problema. En poco tiempo Napoleón ocupo Egipto militarmente y lo organizó administrativamente aunque respetando las tradiciones musulmanas. Los mamelucos, milicia musulmana dependiente de Turquía, no representaban ninguna amenaza para las modernas fuerzas francesas; como quedo reflejado en la famosa batalla de las pirámides. Pero no todo eran bonanzas para Napoleón, el 1 de agosto de 1798 la escuadra de Nelson penetró en la Bahía de Abukir destrozando a la flota francesa en Alejandría y dejando a Bonaparte prácticamente aislado de la metrópoli francesa. De todos modos el general Bonaparte siguió con su idea de llegar a la India de modo que atravesó El Sinai y tomó El Arich y Gaza sin demasiados problemas. Pero el problema llegó al alcanzar la fortaleza de San Juan de Acre allí los turcos apoyados por la flota británica, lograron resistir las embestidas francesas. Después de dos meses el ejército francés diezmado por las enfermedades y casi sin alimentos opto por retirarse. Ahora sin una flota que le suministrase regularmente y después del desastre de Acre todo estaba perdido. Napoleón decide regresar de incógnito a Francia el 22 de agosto de 1799 dejando a Kleber como comandante del ejército en el norte de África.
NAPOLEON PRIMER CONSUL

Tras su retorno a Francia, Napoleón se encontró con un país de nuevo amenazado por las potencias europeas y un gobierno, el del Directorio, sumido en una profunda crisis a causa de las derrotas militares y acorralado por la oposición jacobina. Ante el peligro de revueltas en la capital, el Consejo de los quinientos se traslada a Saint Cloud bajo la protección de Murat y dejando a Napoleón encargado de mantener el orden en París. Pero aquel joven general ya tenía todo preparado para su asalto definitivo al poder. El 9 de noviembre de 1799 (más conocido por 18 brumario; calendario revolucionario), el Consejo empezó a darse cuenta de lo que ocurría e intentó declarar a Bonaparte fuera de la ley, pero su hermano Luciano Bonaparte lo evitó suspendiendo la sesión. Esto creo un gran tumulto, el cual sirvió de excusa para que Murat entrase en la cámara con sus soldados. La entrada de los granaderos de Murat creo el pánico y la confusión y muchos parlamentarios huyeron. Luciano entre tanto logro reunir a unos cuantos parlamentarios en los pasillos para aprobar la dimisión del Directorio y nombrar un consulado compuesto por Napoleón, Sieyes y Ducos con vistas a reorganizar el país y elaborar una nueva constitución. El golpe se había consumado y además se había conseguido darle un trasfondo de legalidad; la jugada había sido perfecta. La nueva constitución, redactada en su mayor parte por Sieyes y retocada por Napoleón fue aprobada en plebiscito por una mayoría aplastante. La nueva constitución daba al primer cónsul, Bonaparte, un poder prácticamente absoluto, asistido por otros dos cónsules de carácter asesor.

Una vez amarradas las cosas en casa había llegado el momento de enfrentarse de nuevo a las potencias europeas. Napoleón, ahora como jefe absoluto, estaba preparado para la segunda campaña en Italia, si con un ejército de desarrapados conquisto Italia y llegó hasta las puertas de Viena, ¿qué no podría hacer ahora? Cruzó los Alpes en mayo y no se paró a conquistar las fortalezas que se encontró a su paso, simplemente las bordeo; había que ganar tiempo. El dos de junio ocupó Milán y se dirigió hacia Génova, sitiada por los austriacos. El gran choque se produjo en Marengo donde los austriacos fueron derrotados, a continuación se le dio a Moreau la orden de marchar sobre Viena, tras las primeras derrotas el emperador austriaco se vio obligado a pedir el armisticio que se firmó en Steyer el 25 de diciembre, el reino de Nápoles lo haría el 18 de febrero de 1801 en Foligno. Napoleón empezaba a ser la pieza clave en Europa pero aún le quedaba una asignatura pendiente, Gran Bretaña.

Ante la situación de quedar aislada comercialmente se manda a Nelson contra Copenhague en la orbita rusa. Esto desencadena en Rusia una conjura contra el zar Pablo I en la que participa su propio hijo y que culmina con el asesinato del monarca ruso. El nuevo zar, Alejandro I no será en el futuro tan condescendiente como lo había sido su padre. Mientras la difícil situación en la que continúan los británicos desemboca en un breve periodo de paz entre Francia e Inglaterra, la Paz de Amiens. Napoleón aprovecha la popularidad alcanzada tras lograr la paz para un plebiscito que le otorgue el consulado vitalicio del que sale victorioso, el 3 de marzo de 1802 se modifica la constitución y se le otorgan poderes aún más amplios al primer cónsul. Durante este tiempo de paz Napoleón crea el cuerpo de funcionarios de hacienda, el Banco de Francia, organiza la universidad, reorganiza el sistema judicial y supervisa personalmente la redacción del código civil, conocido por código Napoleón y que posteriormente será adoptado por multitud de países; en definitiva, sienta las bases de un estado moderno.

Por otra parte crea la legión de honor lo cual dará pie a una nueva aristocracia. Pero este periodo no dura demasiado y las tensiones con Inglaterra vuelven a ponerse de manifiesto, esta ultima no respeta el tratado de Amiens en cuanto a Malta y el 20 de mayo de 1803 Gran Bretaña declara la guerra a Francia. A finales de ese mismo año se descubre una conspiración realista contra Bonaparte que desemboca en la detención y posterior ejecución del duque de Enghein, Napoleón deja claro que no va a estar dispuesto a que nadie le discuta el poder absoluto sobre Francia. El 3 de mayo de 1804 el Tribunado ofreció la idea de que Napoleón fuera coronado emperador, el senado lo vio con buenos ojos y la idea se sometió a referéndum; los franceses lo ratificaron por amplia mayoría. Como si de la antigua Roma se tratase, Francia había pasado por la republica, el consulado y ahora el imperio. El 2 de diciembre en Notre-Dame Pío VII ofició la ceremonia de coronación, pero justo en el instante de imponerle la corona imperial Napoleón la cogió de las manos del pontífice y se la coloco sobre la cabeza en un acto de infinita soberbia. ¿Dónde había quedado la revolución? ¿Qué opinaban los liberales de toda Europa que tanto admiraban a Napoleón? ¿Qué opinaba aquel ejército que tanto había sangrado por los valores revolucionarios? ¿Cómo un antiguo Jacobino podía ahora arrancarle de las manos la corona imperial al mismísimo Papa y colocarla sobre su cabeza? Europa entera estaba desconcertada.
Napoleón derrotado Los cien dias

Después de la abdicación de Napoleón, se trajo a un miembro de la casa de los Borbones para sentarse en el trono de Francia, las potencias aliadas se dedicaban a reorganizar el mapa de Europa en el congreso de Viena y la emperatriz Maria Luisa se dedicaba a ir de fiesta en fiesta. Mientras tanto Napoleón en su exilio en la isla de Elba se dedicaba a dirigir su pequeño microestado, acompañado de mil hombres de la guardia y un pequeño sequito de fieles. Pero el emperador estaba cada vez más apático, echaba de menos a su mujer, a su hijo y la vida de acción. A principios de 1815 le llegaron rumores de que se preparaba un atentado contra su vida y decidió que era la hora de volver; aún se sentía capacitado para desafiar al mundo por última vez. El uno de marzo de 1815 desembarcó cerca de Cannes con apenas mil soldados y se dirigió a París. Era aclamado allí por donde pasaba y a medida que se acercaba su escaso ejército crecía; todos los intentos que se hicieron por detenerle fueron en vano.

Los mariscales, que habían jurado lealtad a Luis XVIII están divididos, algunos parten con el Borbón y otros vuelven al lado del emperador como Soult y Ney. El 20 de mayo entra en París y un escalofrío recorre Europa. Rápidamente jura la constitución en una suntuosa ceremonia y ante la negativa de las potencias europeas a negociar empieza a preparar un ejército. En poco tiempo reúne medio millón de hombres, los aliados mandan prácticamente el doble entre unos y otros. Napoleón se dirigió primero en dirección a Bruselas para evitar la unión de los ejércitos inglés y prusiano. Se enfrentó a los prusianos en Ligny mientras Ney se enfrentaba a los ingleses y holandeses en Quatre Bras. No pudo rematar la faena y el 18 de junio de 1815 se enfrentó a Wellington en Waterloo, cuando la batalla estaba indecisa Blucher irrumpió al frente del ejército prusiano desequilibrando la balanza del lado aliado. La derrota fue aplastante por culpa en gran parte de los errores cometidos por Ney y Grouchy.

Napoleón regresó inmediatamente a París donde todo el mundo pedía la abdicación. Después de hacerlo pidió asilo en Inglaterra pero esta vez los aliados no serían benevolentes. Esta vez el destino seria una isla rocosa en medio del océano; Santa Elena. Allí le esperaba la tutela británica a cargo de Sir Hudson Lowe su carcelero y verdugo; según recientes investigaciones murió por envenenamiento progresivo. Había llegado con un escaso grupo de seguidores pero las condiciones de vida en la isla hicieron que poco a poco fueran volviendo a Francia. El 5 de mayo de 1821 el emperador muere tras una larga agonía prácticamente solo. Fue enterrado con el uniforme de los cazadores, su preferido, y envuelto en la capa que portaba en la batalla de Marengo. Fue enterrado con honores de general ingles, y el mando británico de la isla autorizó un centinela junto a su tumba. El vuelo del águila había terminado poniendo fin a la alucinante biografía de Napoleón Bonaparte.