jueves, 22 de marzo de 2012

Antonio josé ruiz de padron.

nació en 1757, en una vivienda que aún se encuentra en la Calle Real de San Sebastián de La Gomera. Su familia era de clase acomodada y religiosa, y nuestro protagonista se manifestó desde muy pequeño como un niño muy curioso y con ganas de aprender, adquiriendo su formación básica en el monasterio franciscano que existía en San Sebastián. En aquella época vivían en la capital unos 3.000 habitantes y en toda la isla unos 7.000. Se vivía bajo un régimen señorial, que controlaban no sólo la vida económica sino la social de la isla, con lo que las oportunidades de desarrollo eran muy escasas, y prácticamente la única salida era la emigración.
En 1785 toma la decisión “repentina” de irse a La Habana, se cree que motivado por que empieza a tener problemas por sus inquietudes sociales, aparte de que allí tenía un tío, también franciscano. Parte del puerto de Santa Cruz de Tenerife rumbo a Cuba, algo normal en esos tiempos de fuerte emigración, pero la fortuna le tenía preparado otro destino distinto: una tempestad desvió el rumbo del barco hacia el sur de los nacientes Estados Unidos, en concreto a Pensilvania. Se dirige a Filadelfia, lugar en el que se había fraguado la independencia norteamericana, con una notable actividad cultural y con una buena colonia de católicos.
En su aventura americana hizo amistad con personajes como Benjamín Franklin o George Washington, los cuales invitaron a nuestro protagonista a las tertulias que se celebraban en casa de Franklin. Los participantes eran todos protestantes, de ideas liberales y relacionados con la masonería, y se sorprendían de ver a un sacerdote católico, sometido a los dictámenes retrógrados de Roma, pero que hablaba de libertad, igualdad, justicia social, etc., algunos de los postulados de la ilustración. Le criticaron la existencia de la inquisición, un estamento retrógrado teniendo en cuenta las ideas de Padrón, estimulado estas críticas al clérigo a que en su sermón dominical hablara en contra de ella. Dicho sermón se escribió en inglés, distribuyéndose por el país, haciéndose muy famoso su contenido, colaborando a cambiar la visión retrograda que en el mundo anglosajón se tenía de los católicos.
Muere en 1823 sosteniendo en sus espaldas este gomero universal todo un bagaje de lucha por los derechos humanos y el progreso en una época oscura.
Nunca regresó a La Gomera, pero siempre se sintió preocupado por el devenir de la isla, sabemos por la correspondencia que tenía con su hermana que le consultaba si los cambios nacionales influían en el devenir de La Gomera, además de añorar un regreso que nunca se produjo, y según sus palabras “volver a comer gofio y pescado fresco"


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